Tech Emotions

Cada día tu vida está más apoyada en aplicaciones tecnológicas. Comprendes los beneficios de “jugar” a dejarte llevar por esa dulce compañía, a veces hasta zonas adictivas. Algunos, tibiamente, ensayan límites al avance tech sobre sus espacios. Yo creo que no son límites, sino estaciones de paso. Inexorable el destino, a ritmo más lento nomás.

Hace unos días veía un informe en televisión en el que mostraban un tractor multipropósito para trabajar en el campo con mando a distancia y bajo una programación previa. Puede arar, sembrar, pulverizar, aplicar agroquímicos, cosechar, etc., mediante el acople de dispositivos auxiliares. Una de las ventajas, además, es la posibilidad que trabaje las veinticuatro horas y bajo diversas condiciones ambientales. Aún en estado de prototipo en su desarrollo, y como público genérico, neófito, me disparó este artículo.

El INTA argentino ya informó sobre la utilización de electrónica, software, geoposicionamiento y mecatrónica aquí, donde más de 8 millones de hectáreas son sembradas con precisión tecnológica. Hay trabajo humano desplazado y hay, también, nuevas posibilidades.

Amor y odio
Desde que existe el trabajo como generador de riqueza se han buscado maneras de hacerlo más eficiente, de aumentar el rendimiento, productividad, retorno, etc. La invención de la máquina de vapor, y su primera aplicación en el telar inglés (1782), cambió dramáticamente un paradigma en esa intención: el hombre ya no era el eje de la eficacia en la producción. Años después, los desarrollos mejoraron las máquinas y el hombre fue siendo preparado para ser técnicamente capaz de conducirlas.

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Desde entonces, el Hombre miró a la máquina como un gato macho mira a un similar en una noche estrellada: con cautela, primero, y con desconfianza después. El Hombre asumió el mensaje que para su futuro posible, básicamente para comer, tendría que ser dominante de algún arte manual, de algún saber hacer. Y así estudió cualquier cosa que pudiera ser testificada en un papel enmarcado, respaldando su habilidad para “algo”.

La máquina seduce porque está disponible siempre, sin dolores ni reclamos, no hace huelgas ni le duele nada, no está cansada ni preocupada, no habla con nadie ni toma atribuciones propias. Eso la ha convertido casi en una rock star en el mundo económico. Se le dan cuidados, mantenimiento, atención y un entorno “amigable“ para esperar su máximo rendimiento.

La máquina humana, el Hombre, puede hacer lo mismo (y más) bajo esas mismas condiciones. Además de manejar a la otra máquina. Aún considerando razones de seguridad e higiene laboral (protección del operador antes situaciones riesgosas para su salud), la robotización avanza en su coqueteo con el contexto económico.

 

La inteligencia es adaptación

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“La inteligencia de un hombre se mide por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar” (Immanuel Kant). La máquina no tiene incertidumbres.

Tiempo atrás, en un debate universitario, el físico ruso Andrei Vazhnov refirió que “la evidencia histórica está unánimemente del lado de la idea de que nadie termina extrañando los puestos que reemplazan las máquinas y que surgen nuevas ocupaciones”. Y en cualquier polémica de este campo surge la cita al trabajo de los profesores de Oxford Carl Frey y Michael Osborne, quienes relevaron la tasa de sustitución de máquinas por humanos en cada una de las 702 ocupaciones que registra la Secretaría de Empleo de los Estados Unidos. Llegaron a la conclusión de que el 47% de los puestos podrían ser desafiados por robots o inteligencia artificial en los próximos veinte años.

Entre los más sustituibles están las posiciones más rutinarias. Entre los puestos de trabajo más seguros, hoy y a futuro, aparecen aquellos que requieren habilidades de creatividad, adaptabilidad y empatía, inherentemente humanas. Por eso, dicen, vienen los buenos tiempos para quienes tienen la capacidad de usar la tecnología para crear valor, complementándose desde su inteligencia humana, y menos buenos para los trabajadores estándar con aptitudes medias fácilmente replicables por computadoras y robots.

 

Las nuevas emociones
Hay un Orden natural que nos contiene, que de tan natural es imperceptible hasta que te detienes a observarlo. Aún en su rutina, no pierde intensidad o capacidad de impacto. Ni se aleja de su rol como organizador del caos, esa aparente incerteza que alienta la creación permanente. Su función única y eterna es facilitar las condiciones para su continuidad. La continuidad y trascendencia de la vida, cualquiera sea ésta. En su acontecer complejo y simple, a la vez, se descubren los alcances de una inteligencia mayor, exquisita, que gobierna las macros y los detalles con la misma presencia y autoridad.

Es una inteligencia que comprende a la Vida. Es la Vida.

La inteligencia artificial no está enfrentada con su mentor, el Hombre. Está en su vida, en la tuya y la mía, gracias a nuestros permisos. Por eso, es inteligente aceptarla y gestionarla a nuestro beneficio. Asumiendo lo que influye en todos nuestros espacios. Si ha sido diseñada para facilitar procesos y tomar rutinas, también ha abierto posibilidades para más “ser humano”. O sea, para disponer más tiempo en nuestra relaciones y poderes.

Leí hace un tiempo de Fernando Flores, un ingeniero, político y pensador activo chileno, que la progresión tecnológica llevaría en pocos años a generar nuevas emociones. Como ya hemos visto muchas veces, las emociones son respuestas fisiológicas adaptativas a un contexto y se explican desde el sistema de creencias de cada quien. Son los vehículos a la acción para garantizar el equilibrio vital. Siguiendo esa lógica, Flores dijo que “la adaptabilidad a un entorno cada vez más tech, requerirá una sensibilidad necesaria en tres modos: gratitud por lo recibido, amor por las generaciones futuras y, fundamentalmente, aceptación de la incertidumbre”.

Mi preferencia intelectual por este hombre me condiciona para opinar. Solo diré que ya se ven los primeros pininos de eso. Lo compartes?. En qué grado de tu adaptación emocional estás?. Cuánto y cómo vives en esas nuevas emociones?.

 

Oscar Virga Digiuni
Coach profesional
Director ISFE