El rey del metro cuadrado

Unos días atrás, les propuse a alumnos adolescentes de los distintos grupos con los que trabajo que buscaran en los diarios noticias buenas, noticias malas y noticias neutras. No tuvieron otra consigna. Me senté a esperar los resultados. Cómo piensas que fue el ranking de las elegidas?… Prometo la respuesta para más adelante.

Cuál crees que fue el criterio que tuvieron para seleccionarlas?. Probablemente, hayan seguido algún patrón mental de sus hogares, o sea de sus padres, abuelos y otros mayores. Sin necesidad de estar en sus casas conviviendo con esa cotidianidad, tal vez respiran aires quejosos, reclamantes, resignados, ajenos, desinteresados y otros gases por el estilo.

Cómo es en tu casa?. A ti te pasa que siempre te enfocas en lo que te falta?. Hay razones, dirás, que te llevan a pensar así. Pero hay una distinción posible en esa observación. Puedes reclamar, resignarte, pararte en el “NO PUEDO porque me falta tal o cual cosa…” o tomarlo como un desafío, que te movilice, y entonces será “QUE HAGO CON ESTO que me pasa, con esta carencia originada en el mefaltatalocualcosa?”. Víctima o protagonista en tu propia red de creencias.

La brecha que contiene a esa distinción se llama actitud.
En tu recorrido por los años que cargas acumulaste conocimientos, has juntado cientos de notas de calificación, palmadas de reconocimiento, regalos, premios, títulos, habilidades, destrezas, artes, más títulos, etc…. Todo suma para maniobrar tu vida. Pero la suma no suma tanto como la multiplicación. O suma a otro ritmo.

En tiempos donde el tiempo tiene valor de recurso no renovable (y escaseando), es más fácil multiplicar para notar (antes) que estás creciendo y estar más satisfecho con tu camino. Pero, si multiplicas por cero el resultado es… CERO…. La queja retórica, el reclamo al aire, la victimización fatal son maneras de multiplicar por cero. Y el resultado es igual a… cero: cero avance, cero empuje, cero disfrute, cero vida. Como si no hubieras sumado en el camino. Y allí te frustras.

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