El rey del metro cuadrado

Unos días atrás, les propuse a alumnos adolescentes de los distintos grupos con los que trabajo que buscaran en los diarios noticias buenas, noticias malas y noticias neutras. No tuvieron otra consigna. Me senté a esperar los resultados. Cómo piensas que fue el ranking de las elegidas?… Prometo la respuesta para más adelante.

Cuál crees que fue el criterio que tuvieron para seleccionarlas?. Probablemente, hayan seguido algún patrón mental de sus hogares, o sea de sus padres, abuelos y otros mayores. Sin necesidad de estar en sus casas conviviendo con esa cotidianidad, tal vez respiran aires quejosos, reclamantes, resignados, ajenos, desinteresados y otros gases por el estilo.

Cómo es en tu casa?. A ti te pasa que siempre te enfocas en lo que te falta?. Hay razones, dirás, que te llevan a pensar así. Pero hay una distinción posible en esa observación. Puedes reclamar, resignarte, pararte en el “NO PUEDO porque me falta tal o cual cosa…” o tomarlo como un desafío, que te movilice, y entonces será “QUE HAGO CON ESTO que me pasa, con esta carencia originada en el mefaltatalocualcosa?”. Víctima o protagonista en tu propia red de creencias.

La brecha que contiene a esa distinción se llama actitud.
En tu recorrido por los años que cargas acumulaste conocimientos, has juntado cientos de notas de calificación, palmadas de reconocimiento, regalos, premios, títulos, habilidades, destrezas, artes, más títulos, etc…. Todo suma para maniobrar tu vida. Pero la suma no suma tanto como la multiplicación. O suma a otro ritmo.

En tiempos donde el tiempo tiene valor de recurso no renovable (y escaseando), es más fácil multiplicar para notar (antes) que estás creciendo y estar más satisfecho con tu camino. Pero, si multiplicas por cero el resultado es… CERO…. La queja retórica, el reclamo al aire, la victimización fatal son maneras de multiplicar por cero. Y el resultado es igual a… cero: cero avance, cero empuje, cero disfrute, cero vida. Como si no hubieras sumado en el camino. Y allí te frustras.

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Foco, Foco, Foco

 

Peter Ferdinand Drucker es una institución empresaria, ya mucho más allá de su finita experiencia terrenal. Nos dejó muchas llaves para abrir distintos tipos de puertas en la gestión de organizaciones. Algunas son llaves maestras, eternas. En un tiempo convulsionado por la incertidumbre, en la transición de una etapa con matices críticos, propongo ir por las luces que bañan generosamente la parte de atrás de aquellas puertas. La que no estamos viendo. La realidad es lo que ves: un paso cerrado o una escena iluminada, para este caso.

 

Suele ocurrir que en momentos como estos se pongan en observación varios aspectos de la vida cotidiana. Las inquietudes que se plantean para la generación, distribución y posibilidades de acceso a los bienes y servicios que satisfacen las necesidades humanas causan estreses variados en todos los niveles. “Es la economía”, según le dijeron alguna vez a un estúpido (Clinton dixit). Es un fenómeno político, digo yo, entendiendo que la política es el lugar de encuentro de la conflictividad social y, también, el de su resolución.

 

Drucker

           Peter Ferdinand Drucker

 

Por tratarse de un emergente social, como sucede en un holograma, el Todo se ve en las partes y viceversa. Así, el pequeño mundo de una organización empresaria recibe las influencias del marco general. Las personas que la integran hacen su vida a diario en ella y, en ese hacer, la hacen y completan.

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Un tiempo sin tiempo

Has escuchado a alguien cercano a ti decir alguna de estas frases…?

  • El tiempo no me alcanza para todo lo que tengo que hacer.
  • Estoy dejando de lado cosas importantes por falta de tiempo.
  • Siempre termino postergando mis cosas por ocuparme de las de los demás.
  • Al final del día estoy demasiado cansado para hacer lo que me gustaría.
  • No tengo tiempo para hobbies o distracciones.

En este tiempo sin tiempo, la agenda ya no es una herramienta de organización sino un campo de batalla medieval. Allí conviven tus operaciones, amigables y hostiles, en medio de polvaredas, ruidos de todo tipo, corridas, confusiones, caballeros y animales, razones y pasiones. Al final de cada día, reposando en la enfermería de campaña, preparas la siguiente avanzada.

Claro que confías en las fuerzas de tu infantería. Está movilizada y “a tambor batiente”. Parece de motivación inagotable. Parece… hasta que el cansancio físico le hace bajar algunas banderas. Y cuestionarse el sentido de tanta épica acción.

Tu tiempo es tuyo.

O, mejor dicho, es para que hagas tuyos esos momentos que forman tu tiempo. Cómo lo haces?. Preguntándo-te qué quieres. Porque lo que hagas son tus compromisos. Es lo que has elegido hacer.

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