El Talento y la ciencia de la efi

Kaizen es un vocablo japonés que significa algo así como “un cambio hacia lo mejor o lo bueno”. Es más conocido como el término que explica una filosofía de gestión que pone el acento en un proceso eficiente para obtener resultados efectivos. Originada en la posguerra, condujo a los hombres y mujeres de ese país a no desesperar por obtener logros en la reconstrucción de su país. Había que hacer mucho en todos los campos: personal, familiar, económico, político, estructural… Las presiones y la ansiedad podían llevar a estrellar las intenciones una y otra vez, y cargarlas en el inventario de la salud social.

Entonces, abrevando en su cultura milenaria, mostraron al mundo los beneficios de cuidar la calidad del proceso, los detalles y las formas, para proteger el fondo de lo que buscaban. Es su modelo de mejora continua en términos económico-productivos. Si se mejora el proceso, cada vez será mejor el resultado. Será una consecuencia natural. Es una de las miradas sobre la eficiencia en la gestión.

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Muchos años después, a principio de los ´90, de uno de los claustros del mítico Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) surgió una teoría concurrente en sus fines con Kaizen. Fue bautizada Teoría Lean, remitiendo a algo “magro”, sin grasas. Se refería a la búsqueda de eficiencia en los procesos productivos, postulando que había que aliviarlos de “la grasa” que los empastaba. Esto es, evitar todas aquellas acciones que no fueran críticas en el devenir planeado, las que fueron englobadas en el concepto de “desperdicios”. De otro modo, más técnico, se las identificó como las que agregan Costos sin generar más Valor.

 

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Qué te estás contando?

Días atrás estaba reunido con jóvenes que ejercen una disciplina deportiva y surgieron algunos de esos juicios tan duros que suelen manejar las personas que están entregadas a una práctica competitiva. Así, desfilaron el éxito y el fracaso, el deseo de superar a un rival, el desánimo en la derrota o en el bajo nivel personal, el sentimiento personalista en medio de una actividad grupal por esencia, etc., etc. Digo juicios duros por lo encarnados que están más que por su fortaleza intrínseca. Tales juicios son lo que son porque han tenido mucha y continua prensa.

Les ofrecí trabajar esta cosa jodida que tenemos los coaches de enfocarnos en los resultados esperados. Ganas de complicarle la vida a quienes la llevan como pueden y con tanto esfuerzo… Y de sus propias entrañas fueron apareciendo sensaciones distintas.

Hablamos de la competencia con los propios condicionantes antes que contra alguien, de cómo revertir un enojo con inteligencia básica (práctica), del disfrute de compartir (renovado, a pesar de años de compartir), de lo que se pierde cuando se pierde y lo que se gana cuando se gana, de las libertades que no están (pero nadie las tiene escondidas), del sentido de un equipo cuando se le da el escaso valor de grupo (escaso respecto del valor de un equipo), de la conciencia de pertenencia (o no), de las conversaciones pendientes y hasta del espacio responsable del director técnico.

Al fin, les dejé una pregunta, serpenteante entre sus pies: cuando hablan de “éxito” o “fracaso”, se animan a identificarlos como los resultados que han creado ustedes mismos?.

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